La ciencia, como actividad que pretende conocer las
realidades, se sitúa en un plano intelectual de la naturaleza humana; sin
embargo, no puede despojarse de los influjos que las interrelaciones de poder
que se producen. Así, el conocimiento se ve muchas veces impulsado o detenido
por las decisiones del poder que impera en una determinada sociedad.
Entonces, podrían establecerse múltiples dicotomías:
política y arte, política y educación y así sucesivamente, en conclusión no hay
actividad humana que sea ajena a la política, ni política que pueda desconocer
las diversas actividades de los hombres.
Política Científica: el concepto.
El caso de las células madre embrionarias suscita diversas
cuestiones, siempre presentes, sobre lo entrelazados que están los destinos de
ciencia y política. En primer lugar, muestra claramente el hecho de que para
hacer ciencia se necesita dinero. Pero surgen aquí dudas importantes, como
cuánto dinero se debería invertir y en qué tipos de ciencia, quién debería
poner ese dinero y para desarrollar qué tipo de investigación, o quién se
debería beneficiar de los resultados obtenidos. Como cualquier actividad
económica, la ciencia debe enfrentar el hecho de que los recursos son finitos.
Las inversiones en proyectos de investigación científica tienen un precio:
impiden usos alternativos de esos fondos, tanto dentro de la propia ciencia
como fuera de ella. Por otro lado, el caso de las células madre también indica
diferencias éticas entre la financiación privada y la financiación pública
(i.e., estatal) de la ciencia. Las inversiones en ciencia son además inciertas:
gobiernos y empresas toman muchas decisiones sobre la investigación con CME sin
tener certeza de qué beneficios obtendrán, incluso sin saber si obtendrán
alguno. Algunos críticos contrarios a la investigación con células madre
alegaron que las perspectivas de beneficios médicos se habían visto exageradas.
Tampoco hay que olvidar que las cuestiones económicas, incluida la
investigación científica, son cada vez más cuestiones de ámbito global, lo que
imposibilita a cualquier nación dictar a título individual el destino de la
ciencia.
En segundo lugar, este caso apunta al hecho de que la
ciencia tiene un carácter político, en el sentido de que no sólo se enfrenta a
recursos finitos y conocimiento incompleto, sino también, en democracias
multiétnicas, al pluralismo ético. Mientras unos alientan líneas de
investigación concretas otros se oponen tajantemente. Así, cuando algunos
sectores de la población mantenían que la política sobre células madre
embrionarias de Bush era arbitraria, y otros sostenían que no iba
suficientemente lejos para proteger a todos los embriones, muchos científicos
afirmaban que suponía un duro golpe para la investigación.

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